Cuando me perdí en tus ojos

 

Cuando me perdí en tus ojos

Dicen que los ojos son el reflejo del alma. Los ojos de una persona pueden guiarte a un lago de verdades, lleno de virtudes y defectos. Cuando miras a alguien directamente, no puedes ver más que la verdad: notas la sinceridad, la profundidad… los hechos que se esconden bajo la superficie.

Cuando yo te miro, siento miedo. Un escalofrío peculiar me recorre el cuerpo, una especie de pánico evidente que me llena de una extraña fiebre. No quiero apartar la vista de ti, y todo empeora —o mejora, no lo sé— cuando nuestros ojos se encuentran. Cuando las miradas se cruzan… y nos perdemos.

No tienes idea de lo difícil que es para mí mirar a alguien así. O al menos, lo era. Observar a los ojos a quien amas se volvió una de las cosas más complejas. Siempre fallaba. Cuando me decían “mírame a los ojos, por favor”, “cruza miradas conmigo, hazme saber que me amas con tu mirada”, simplemente no podía.

Los nervios y el pánico se apoderaban de mí, envolviéndome en timidez y vergüenza. Nunca entendí por qué era tan difícil hacer algo que a muchos les resulta tan natural.

Pero después de tantos días, después de cientos de cambios de página en el calendario, llegó el momento de encontrarnos. Y entonces, no pude evitarlo.

Todo encajó.

Las palabras fluyen de manera natural cuando hablo contigo. Nuestras manos se encuentran sin importar el viento ni el sentido de nuestros pasos. Tus brazos me cobijan y me ofrecen un calor insólito. Nuestros pensamientos se conectan como si estuvieran hechos del mismo hilo.

Puedes leerme con solo ver mi rostro, con mis gestos. Nadie antes había comprendido tan bien mis deseos ni saciado mis caprichos como tú.

Esta conexión que he formado junto a ti es genuina. A veces me cuesta creer que es real. Me pregunto si lo merezco, si de verdad soy digna de que me ames así. Y aunque en el momento me siento saciada, me haces anhelar aún más.

Fuiste tú quien me ayudó a entender lo que antes no podía.

Un día, simplemente, nuestros ojos se cruzaron… y sentí la enorme necesidad de no apartar mi mirada de la tuya. Entonces entendí: no puedes mirar así a cualquiera. No puedes perderte en cualquier par de ojos. No todos hacen que sientas esa chispa dorada, esa corriente eléctrica que recorre tu piel y hace estallar el corazón.

Cuando miré tus ojos, lo comprendí todo.

El ruido se calmó. Los miedos, las dudas, la ansiedad… todo se hizo pequeño. Se disolvió. Y en ese instante entendí que, cuando lo haces con la persona correcta, mirar a los ojos se siente así de bien. Tan bien que deseas que ese momento de amor y complicidad no termine jamás.

Solo quieres mirarle por una eternidad. Sentir su piel cálida. Entrelazar tus dedos con los suyos. Sellar todo con un beso que te haga sentir que nada en el mundo será más fuerte que lo que acaba de ocurrir.

Me perdí. Como si hubieras embrujado mi cuerpo, paralizándolo. Como si me hubieras dado una pócima sin antídoto que me hace querer mirarte hasta el final de mis días. Pero no es tan complicado de explicar: simplemente es. Algo que, por más que niegues, se siente. Algo que hace estallar el corazón.

Y lo sé. Puede parecer absurdo, cursi o simple. Pero tiene su chispa y su química.

Cuando me perdí en tus ojos y te escuché reír, sentí que no necesitaba nada más para ser feliz. Porque ya me habías dado uno de los momentos más vivos de mi existencia.

Cuando eso pasa… cuando te ríes y tu cuerpo irradia luz, cuando tus ojos brillan más y llenan el ambiente de chispas, derrites mi corazón. Me curas el alma. Irradias dulzura, transmites paz a mi ser. Me haces sentir que nada puede ser tan cruel en este mundo si tú existes.

¿De eso trata el amor?

¿De mirar a los ojos a quien amas, tomar su mano, reír juntos incluso en medio de una tormenta, compartir el calor de sus cuerpos, sentir sus labios bailando sobre los tuyos, escuchar su voz y pensar: “esto… esto es lo que me da vida”?

¿Ese es su propósito?

¿Cuán filosófico puede volverse un pensamiento después de mirarte a los ojos?

Amo mirarte. Se siente bien. Se siente como amor. Y aunque solo dure unos segundos… es suficiente para llenarme. Para desbordar mi creatividad.

Si algo tengo claro es esto: después de encontrarte, entendí todo lo que antes no podía. Entendí que las almas gemelas existen. Que a pesar del miedo y la inseguridad, el amor puede envolvernos por completo.

Quizás la niebla vuelva. Quizás los miedos regresen. Pero cuando me sienta así… solo tendré que mirar tus ojos para volver a la calma.

Porque en ellos está la respuesta.

Todo lo que merezco, todo lo que necesito, está en este amor que fue guardado para mí. Para nosotros.

Y todo estará bien.

Porque finalmente… estoy junto a ti.

— Angeline Garmald

Lo que mis labios no han de decir lo dirá mi corazón en mis manuscritos.

Comentarios