Batallas del Alma: Más Allá de la Armadura

 Batallas del Alma: Más Allá de la Armadura

La gran batalla campal que se enfrenta fuera de las trincheras: el pecho manchado, el cabello alborotado, las heridas en constante sangrado, las explosiones en el corazón y en la mente que debilitan los nervios y tensan tus músculos. Tus ojos marrones y aterciopelados vislumbran cansancio y denotan la ardua labor que realizas dentro y fuera de los castillos, el esfuerzo con el que blandes tu espada, el cómo sujetas tu escudo de titanio, la manera en la que defiendes tu honor y tu título, cómo haces prosperar a tu nación, el cómo resguardas a los tuyos de las confusas neblinas de azufre y nitrógeno. Mantienes una armadura fuerte, mantienes fuerza y tenacidad en tu ser, digna de un caballero, poseída por los mejores guerreros.

Princesas y plebeyas te admiran y te ambicionan; todos esos miocardios y pieles están sedientos y ansiosos por un poco de ti, queriendo tu admiración, tu protección, tu tiempo, tu atención y calor. Pero tienes fortaleza y sabes cuál es la verdadera causa por la que luchas.

Quizá es tu conmensurada valentía, tu inquietante ocupación, la preocupación y la pesadez que cargan tus ojos y tu cuerpo. Tu puesto es exigente; eres un vigilante y un servicial. Sigues escalando en las piedras rumbo al éxito, y es valorable que puedas ver más por tu futuro y tu prosperidad. Es una de las cosas que más me mantienen bajo tus dorados hechizos.

Todos admiran a un caballero por su fuerza, por sus hazañas, por su armadura, sus virtudes o su musculatura. ¿Qué tan a fondo ves a esos valientes guerreros? No vemos más allá de los pesados metales con los que cargan cotidianamente. Dime, ¿sabes qué tristezas o penas cargan sus ojos? ¿Los has visto de rodillas implorando piedad a sus dioses? ¿Crees que son de un frío y duro corazón de níquel? Mira sus pupilas y las lágrimas que brotan de sus mejillas, y en todo ese vacío verás el gran pesar y dificultad con los que cargan y se callan en su interior, protegido con grandes candados cuya llave se encuentra resguardada en las profundidades de sus peores secretos y en custodia de su ansiedad.

Los deseos de blandir su espada en su pecho, de clavar una daga en su corazón, lanzarse de las torres de las fortalezas, perecer en una batalla o tomar una botellita de veneno para terminar con su pesadez, le persiguen todas las noches a la hora de resguardarse en su fortaleza ante la soledad de un mundo en compañía.

¿Puedes gritar aquí? ¿Puedes llorar? ¿Puedes luchar contra tus miedos? ¿Puedes luchar contra tu destino? ¿Puedes ganarle al dolor de la vida? No lo sabes, porque nadie sabe nada en el momento mismo de las batallas. Sabes que eres débil y muy pequeño ante tu mundo, que ni un escudo puede cubrirte de las filosas y ardientes flechas que rasgan tu piel. Nada te cubre de los hostiles comentarios de tus colegas. Puedes ser tan fuerte y perspicaz como puedas, pero eres tan delicado como las plumas de un ave. Eres sensible y suave como la seda; tienes pureza y dolor detrás de todos esos metales que cargas. Puedes ser gentil, puedes proteger, puedes proveer, puedes realizar cualquier acción implicada al peligro nocturno, caminar en la medianoche en la lejanía de la luna, puedes enfrentar a los bandidos que traten de atrasar tu camino y salir ileso ante los enfrentamientos, pero es sabido que las batallas ligadas al corazón y los sentimientos son más difíciles de superar. No puedes golpear al problema, no puedes blandir una espada a la tristeza. Las ganas de poner un punto final a tu historia te invaden; no sabes cómo lidiar con toda la ansiedad provocada por las cargas de tus responsabilidades, mientras lo único que deseas es ser feliz en tus pasiones. El mundo es totalmente gris y cruel. Todos tenemos una pequeña bolsa con piedras de diferentes grises, todos llevamos agujas clavadas en el corazón, todos estamos atados con cadenas. Unos más que otros cargan las pesadas cadenas de un largo camino.

No somos eternamente libres, pero tenemos jardines frondosos llenos de calma y felicidad, que, aunque es un regalo momentáneo de la vida, esos jardines saben liberar nuestro dolor y cansancio por al menos unos 5 minutos, y es todo un golpe de realidad cuando la vida te lo hace ver. La vida es tan delgada y delicada; no sabes cuándo va a romperse, y nadie lo sabe con exactitud. Hoy pude haberte tomado de la mano y besarte por última vez, y puede que no lo sepamos. Nada nos garantiza el mañana o las siguientes 3 horas de nuestras vidas. Pagamos un rédito cotidiano, y solo el universo y la naturaleza determinan cuándo será su último cobro hacia nosotros.

Tenemos una salida fácil que acorta todos esos réditos y que aminora las penas y corta las lágrimas, pero alarga los sufrimientos y las penas de los seres que amamos. Quizá se tome como un acto egoísta, pero antes de salir por aquella pequeña puertecilla de clavos debemos considerar cuántos réditos vamos a disminuir y hacer más pesados con cortar el nuestro. Morir es sencillo, pero tener el valor de vivir y seguir enfrentándonos a las etapas y fases de la vida es un experimento que no acabará hasta tener una hipótesis secreta. Nadie puede decirte qué es vivir y cómo es morir. Tienes que pasar todas las etapas y convertirte en erudito para aprender un ciclo con sentidos y morir con esa sabiduría, guardarla en tu pequeño cofrecillo de metal sin llave alguna a la respuesta de qué hacer. Todo el misticismo de la vida tendrás que encontrarlo a base del dolor, la tristeza y la dificultad, pero también de la alegría, la dicha, el amor, la felicidad y la belleza de lo complejo.

Siente, ama, ríe, llora, ríndete y levántate una y otra vez. Evoluciona, observa, escucha y disfruta todo el dolor y la dicha de la vida, pero jamás dejes de luchar y mucho menos olvides quién eres, el porqué eres quien eres, y no dejes que tu corazón se haga de metal.

Ahora dime, ¿caballero, qué encomienda queda en ti de ahora en adelante?...

- Angeline Garmald
Lo que mis labios no han de decir lo dirá mi corazón en mis manuscritos.

 

 

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